Cuando una página no añade una idea, una tensión, una revelación, una imagen o una transformación, la percibo como tiempo perdido. Eso me explica perfectamente por qué puedo admirar a Dostoyevski y, al mismo tiempo, aburrirme muchísimo con él, pues muchas veces no es falta de densidad narrativa, sino que tiene demasiada densidad narrativa que al final, por eso mismo, colapsa.
Cuando una página no añade una idea, una tensión, una revelación, una imagen o una transformación, la percibo como tiempo perdido. Eso me explica perfectamente por qué puedo admirar a Dostoyevski y, al mismo tiempo, aburrirme muchísimo con él, pues muchas veces no es falta de densidad narrativa, sino que tiene demasiada densidad narrativa que al final, por eso mismo, colapsa.
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